Desde las montanas de Cusco, una llamada a la transparencia

Lo siguiente ha sido  redactado por Alice Harrison, Coordinadora de Comunicaciones e Incidencia y Leah Good, Asistente del Programa de  Gobernanza del Cambio Climático de Transparency International. Editado por Magaly Ávila y Samuel Rotta. Traducido por María José Harrisson.

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La familia Huilca está teniendo que adaptarse a los efectos adversos del cambio climático en los Andes peruanos. Ver más fotos abajo.

La parcela verduzca de la familia Huilca resalta por su singularidad dentro de la aridez que invade al resto de la ladera. Mientras observamos este pequeño vestigio de fertilidad desde arriba, Porfirio Huilca nos señala su fuente de vida: un canal artificial que viene montaña abajo desde un manantial de agua a cuatro kilómetros de distancia. Porfirio, junto con su hermano Mario, pasaron un año dando forma a este canal artesanal, trabajando hábilmente el terreno; la gravedad los ayudaría con el resto.

Hasta hace poco, las plantaciones del territorio sobrevivían sin ayuda. Sin embargo, el Ausangate, glaciar que corona esta montaña andina, está cediendo a un nivel alarmante debido al calentamiento global, haciendo que, mientras el hielo se evapora, la tierra alrededor se seque. Es así como cada año la familia Huilca ha tenido que trabajar más tiempo y más fuerte para combatir la disminución de las cosechas.

El impacto del cambio climático, en un país que solo es responsable del 0,4% de las emisiones globales, se siente primero y más fuerte en los pobladores de áreas pobres y rurales de los Andes peruanos. Esto se debe en parte a que en los últimos 25 años, los glaciares del territorio se han visto reducidos en un 30%, poniendo en peligro el delicado y balanceado ecosistema andino; matando cultivos, ganado y otros medios de subsistencia.

Las tácticas de supervivencia de los hermanos Huilca están siendo patrocinadas por AEDES, una ONG local que recibe financiamiento de la fundación Heifer Internacional. Hasta ahora, se han enviado 46.7 millones de dólares para el financiamiento climático en Perú, y hay un compromiso del gobierno peruano de aumentar esta cifra. Nuestro capítulo peruano, Proética, está trabajando para que se pueda asegurar que ese dinero llegue a donde realmente se necesita.

La tarea no es fácil. Históricamente, este país ha sufrido de altos niveles de corrupción, y actualmente se acerca al extremo más preocupante en nuestro Índice de Percepciones de Corrupción con una puntuación de 3.4 sobre 10. Del mismo modo, la última encuesta nacional de Proética señala a la corrupción como el principal impedimento para el desarrollo del país. Además, más de la mitad de los entrevistados la calificaron como la principal razón por la que los programas sociales fracasan.

Mario y Porfirio pertenecen a un importante sector demográfico, cuyo sustento descansa en la integridad de políticos, funcionarios, empresarios y trabajadores de ONG que gestionan o ejecutan fondos para enfrentar problemas climáticos. Si ese dinero se pierde por sobornos o por beneficiar a amigos de los funcionarios, la población campesina de Perú se verá desabastecida de los recursos que necesitan para protegerse de los crecientes impactos del cambio climático. En efecto, durante nuestro recorrido por la zona pudimos constatar las consecuencias y problemas que ya se están manifestando: grandes presiones sobre los alimentos y el agua, posibles conflictos por los recursos y una potencial nueva ola migratoria hacia las zonas urbanas del Perú.

Sin embargo, no se puede ser pesimistas. Se necesita actuar con medidas que deben adoptarse de inmediato para revertir este posible destino negativo. En primer lugar, las naciones industrializadas y desarrolladas deben cumplir con sus promesas sobre el financiamiento de las cuestiones climáticas; están en deuda por todas las décadas que han producido la contaminación que hoy nos pasa factura. Asimismo, ese dinero debe ser monitoreado en cada parte del proceso, desde las arcas de los donantes hasta la ejecución de los proyectos en el terreno. Esto significa que los fondos deben ser sometidos a una plena divulgación pública, a  la verificación sistemática por parte de terceros y contar con mecanismos de denuncia para que la gente se pronuncie cuando detecte algo irregular.

En esta época hiper-digital es fácil caer en la complacencia sobre la accesibilidad de la información. Sin embargo, Proética está tratando de seguir el curso que el dinero toma una vez que llega al Perú, pero muchas veces el seguimiento suele interrumpirse abruptamente, sin pistas en cuanto a dónde se han invertido los fondos. Incluso los investigadores más rigurosos o tenaces no podrían descubrir lo que sucede detrás de las puertas cerradas impuestas por el desorden con que todavía se maneja la información pública climática.

La corrupción se expande y florece cuando se mantiene en la oscuridad. Es por ello que necesitamos que los reflectores se enciendan. Parte del financiamiento destinado a enfrentar los problemas climáticos viene del pago de impuestos, lo que significa que los que pagamos tenemos el derecho a saber adónde llega nuestro dinero, cómo se gasta y porqué se hace de esta manera. Algunas veces debemos ejercer ese derecho en beneficio de aquellos que no pueden hacerlo tan fácilmente. Para algunos, el llamado para una mayor rendición de cuentas en las alturas nevadas de los Andes puede sonar absurdo, pero para Porfirio y su familia podría marcar una gran diferencia.

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